"La vida es un laberinto sin señales en el que a veces uno se siente perdido. Son esos los momentos en los que debemos guiarnos por nuestro instinto y pensar que lo que nos define no es lo que pensamos, ni lo que decimos, sino lo que decidimos, y sobre todo lo que hacemos.
Sin embargo, y aunque nos mueva la buena fe, no siempre tomamos las decisiones más acertadas y de pronto nos encontramos atrapados en un callejón sin salida del que cuesta Dios y ayuda escapar.
Pero cuando la vida nos da segundas oportunidades, tenemos que agarrarnos a ellas como a un clavo ardiendo. Porque al final, pase lo que pase, lo único que cuenta son las personas. En especial los seres queridos, los que tenemos más cerca, aquellos que sabemos que siempre van a estar a nuestro lado".
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